Vida y Obra de la Madre Ana María Janer

La Congregación de Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel fue fundada en Seo de Urgel, España, el 29 de junio de 1859, como fruto del carisma concedido por Dios a Ana María Janer y por la solicitud pastoral del Obispo José Caixal.

18 de diciembre de 1800, nuestra Madre, Ana María Janer Anglarill, nació en la antigua ciudad de Cervera, capital de la Segarra, en España. Recibió de Dios el don de la vida haciéndose presente en este mundo para glorificar a Dios con su vida entregada. Recibimos nosotros janerianos el don de su vida y el carisma otorgado por Dios para el servicio de la Iglesia.

Las hermanas fieles a la misión recibida de su Fundadora, extendieron su misión a Colombia en el año 1969 y llegaron a Bello a hacerse cargo del Colegio en 1970.

“La niña recibió las aguas del bautismo al día siguiente de haber nacido... ¡Los dones y la gracia que el Espíritu derramaba en su alma, prenderían, ciertamente, con fuerza!” (“Humanísima” pág. 17 y 20).                                                        

La Madre tiene conciencia del llamado del Señor porque ha experimentado su amor, pues sólo por amor, por ese amor y como respuesta a él puede expresar este deseo: “No seré del mundo, mis fuerzas, mi bienestar, mi vida toda sacrificaré al servicio de mi Dios en las personas de los pobrecitos enfermos, de los desvalidos, de la niñez… Y si conviene procurarles los alivios corporales, cuidare de ellos como una madre cariñosa.

Darles vida santa y moralidad, desarrollando sus facultades morales, enseñarles nuestra religión sacrosanta, instruirlos, hacerlos buenos cristianos y darle a Dios muchas almas, esto haré yo hasta llegar al sacrificio.

Tú, Señor, me darás gracia para serte esposa fiel, que te ame mucho y te sirva en la persona de los enfermos y desvalidos.

Y un día me dirás:

Entra, porque estuve enfermo y me socorriste; entra, porque tu lámpara siempre ardió”.

 “La misión específica  que recibe Ana Ma. Janer y que hoy nosotras continuamos en la  historia es aquella misma que comenzó con la unción de Jesús, en el bautismo del Jordán. El Padre ungió a Jesús, su Hijo, con el Espíritu, para hacer presente la solidaridad divina de la propia entrega, que es la plenitud de la salvación integral del ser humano y la alianza de comunión con el Padre.

Por ello no podemos pensar nuestra misión sino como continuación de la redención humana llevada a cabo por el Ungido con el Espíritu conforme a la lógica del amor”. (CEM 4,1:5)

Toda su vida fue una continua entrega a Dios en el servicio a los hermanos y por ello, para toda la comunidad janeriana, la vida de la “venerable Madre”, se convierte para nosotros en camino válido de santidad.

 

 




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